LA PELOTA COMO ANESTESIA: CRÓNICA DE UNA AMNESIA COLECTIVA

Es fascinante, y a la vez alarmante, observar la capacidad del boliviano para fragmentar su realidad. Pareciera que vivimos en dos países paralelos: uno que hace fila por combustible y otro que se desvive por un tiro de esquina. Como periodista, me permito trazar esta cronología de nuestra propia contradicción, analizando cómo el fútbol se ha convertido en el placebo definitivo ante una crisis que no da tregua.

06:00 AM – El Despertar de la Incertidumbre

La jornada comienza no con el despertador, sino con el reporte del grupo de WhatsApp sobre qué surtidor tiene diésel o gasolina y en cúal de ellos no esta desestabilizado. La crisis de los hidrocarburos ya no es una noticia económica; es una logística de supervivencia. El ciudadano se levanta con la angustia de una economía que se siente "apretada", donde el dólar aún es un fantasma y la estabilidad, un recuerdo lejano.

10:00 AM – El Mercado de las Lágrimas

En el mercado local, el panorama es sombrío. La "canasta familiar" ha pasado de ser una lista de compras a un ejercicio de matemáticas avanzadas. Los precios suben "por la logística" o "por el dólar", pero cuando esos factores supuestamente se estabilizan, los precios nunca bajan. El bolsillo sangra, y el humor social empieza a caldearse. La queja es el idioma oficial en la fila del pan.

01:00 PM – El Espejismo del Recambio

En esta ocasión, hay un condimento distinto: la esperanza tiene rostros nuevos. El último gol en las eliminatorias hacia el 2026 ha encendido una chispa diferente, alimentada por una camada de jugadores jóvenes que prometen romper el molde. Se siente bien creer en ellos; es refrescante ver talento que no parece cargar con los vicios del pasado. Sin embargo, este optimismo revela nuestra mayor hipocresía social.

Hemos pasado de llamar a la selección "una banda de troncos" a idolatrarlos en cuestión de segundos, solo porque la clasificación —ese sueño esquivo por 32 años— se veía matemáticamente posible. El boliviano solo se une en una sola voz cuando huele el éxito; mientras tanto, el desprecio es la norma. Esta "juventud prometedora" es hoy nuestra nueva anestesia, una versión actualizada del mismo patrón: usamos su ímpetu para ignorar que el país, fuera de la cancha, aún tiene un tinte complejo de realidad. 

23:00 PM – El Pitazo Inicial: La Parálisis Nacional

Durante 90 minutos, el país se detiene. Es una tregua autoimpuesta. No importa que la crisis de divisas nos asfixie; el fútbol opera como un refugio psicológico. En las graderías o frente al televisor, el grito de un gol silencia el rugido de una crisis presente. Es el escapismo en su máxima expresión: preferimos depositar nuestra fe en unos jóvenes deportistas que en las soluciones estructurales que Bolivia necesita.


01:00 AM – La Resaca de la Realidad

Termina el partido. El efecto del placebo se desvanece. El hincha apaga la tele y vuelve a encontrarse con que su heladera sigue a medio llenar y que mañana deberá volver a la fila del surtidor rogando que ese liquido ahora preciado por demás no este desestabilizado.

Reflexión Crítica: El fútbol en Bolivia ha dejado de ser un deporte para convertirse en un mecanismo de defensa. La Selección nos ofrece una identidad y una catarsis que la realidad política y financiera nos niega. Es válido ilusionarse con el recambio generacional, pero es peligroso usar ese brillo para no ver el abismo.

Conclusión: Negligencia Ciudadana

¿Es malo amar el fútbol? Por supuesto que no. Lo peligroso es cuando la pasión se convierte en negligencia ciudadana. Mientras nos enfocamos desproporcionadamente en sí clasificamos o no después de tres décadas, descuidamos la fiscalización de los problemas que realmente definen nuestro día a día.

Al final del día, la pelota deja de rodar, pero los precios siguen altos y los tanques siguen vacíos. Quizás es hora de exigirle a nuestra realidad la misma unidad y exigencia que solo mostramos cuando vemos cerca la puerta de un Mundial.

Por: MQA.  


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