EL "OLIMPO" DE LOS EMPÍRICOS: CRÓNICA DE LA MUERTE ACADÉMICA DEL PERIODISMO EN BOLIVIA
Los Dueños del Circo (y sus "otros" negocios)
El primer gran vicio nace en la cúspide. La propiedad de los medios en Bolivia no suele estar en manos de estrategas de la información, o al menos en personas que alguna vez ejercieron la profesión sino de empresarios y figuras públicas cuya relación con la ética periodística es, en el mejor de los casos, accidental. Para estos “magnates”, el medio es un apéndice de sus intereses económicos. En sus directorios, la importancia de un manual de estílo es comparable a la de un manual de física cuántica: completamente irrelevante frente al balance de fin de mes.
Jefes de Prensa: Los Videntes del Escritorio
Es llamativo, casi sobrenatural, la capacidad de ciertos jefes de prensa en Bolivia. Pues algunos poseen el don de la omnipresencia sedentaria. Sin haber abandonado el aire acondicionado de su despacho ni haberse acercado a tres cuadras del epicentro de la noticia, ya han dictaminado el titular, el enfoque, los culpables y de cómo la noticia se ira desarrollando.
Estos "videntes" de la comunicación, cuya formación profesional suele ser un misterio digno de archivos clasificados, imponen su criterio bajo el argumento de que su "olfato" es superior a cualquier metodología de verificación. Al periodista de carrera no se le pide investigar; se le pide validar la premonición del jefe. Si la realidad no encaja con el titular "vendedor" que el editor imaginó mientras desayunaba, peor para la realidad. En este escenario, cuestionar la "experiencia" del empírico es, para el profesional, una forma muy rápida de actualizar su currículum en busca de un nuevo empleo.
El Intrusismo: Un Arca de Noé con Micrófono
Hoy y me refiero a los últimos 10 años, las redacciones, los sets de televisión y periódicos bolivianos parecen un retiro espiritual para profesionales de todas las áreas, menos de la comunicación. Tenemos una fauna variada que incluye solo por mencionar algunos:
• Abogados y Economistas: Que analizan la realidad con la rigidez de un código civil pero sin la ética del dato verificado.
• Chefs y Modelos: Que confunden el "emplatado" o la pasarela con la jerarquización de la información.
• Seminaristas frustrados: Cuya "vocación" de púlpito ahora se traduce en sermones moralistas frente a la pantalla y sus escritos.
• Bachilleres con suerte: Personas que terminaron el colegio y, por un azar del destino (o del amiguismo), terminaron conduciendo noticieros centrales, realizando "análisis profundos" con la profundidad de un charco de lluvia y realizando coberturas en las calles con preguntas de colegial.
La Soberbia del "Canchero" vs. el Rigor del Especialista
Lo más irónico de este panorama es la altanería con la que algunos empíricos recibe al académico. El profesional que ha invertido años en aulas —y que quizás ha buscado especializarse y capacitarse fuera del país ante la vergonzosa ausencia de centros de posgrado serios en Bolivia— es recibido con despreció y susceptibilidad.
"Aquí lo que vale es la cancha", dicen aquellos que han convertido la comunicación en un ejercicio de repetición y servilismo. Se atreven a "corregir" al profesional no con argumentos teóricos, sino con la autoridad que les da el haber llegado ahí por ser amigos de alguien o por estar en el momento y lugar indicados o simplemente por haber nacido antes (la edad).
La Meritocracia del "Favor" y la Fuga de Cerebros
Para coronar este monumento a la precariedad, el sistema salarial en los medios bolivianos opera bajo una lógica propia de un mercado de influencias más que de una industria profesional. En las planillas de sueldos, el peso de una maestría, un postgrado o una especialización internacional es prácticamente nulo frente al peso de la condescendencia. Las remuneraciones no se fijan en función de la capacidad analítica o el rigor investigativo, sino según el grado de cercanía con el dueño de turno o qué tan dispuesto esté el periodista a "llevarle la cartera" a la jefa de prensa. Esta estructura incentiva el servilismo y aniquila la ambición académica; el profesional formado se da cuenta pronto que su inversión en conocimiento no tendrá retorno en un entorno que premia al amigo y castiga al crítico. El resultado es tan previsible como doloroso: una generación de comunicadores desanimados por un mercado que los desprecia, optan por colgar el título o cruzar la frontera con la esperanza de que, en latitudes más serias, sus capacidades no sean vistas como un estorbo y/o competencia, sino como un activo.
Conclusión: El Precio de la Verdad "Bajo Costo"
Este artículo será, sin duda, una pastilla difícil de tragar para esa gran masa que se autodenomina "periodista", “comunicador” y “presentador” por el simple hecho de sostener un micrófono y salir en pantallas. En Bolivia, se ha instalado la peligrosa idea que hablar es comunicar y escribir es informar.
Mientras sigamos premiando el amiguismo y el "título de cancha" por encima del rigor académico, seguiremos teniendo un periodismo de entretenimiento disfrazado de información. El periodismo no es un premio consuelo para profesiones fallidas; es una disciplina científica que Bolivia ha decidido rematar al mejor postor de la mediocridad.
Hoy, a este ya debilitado ecosistema, se suma un nuevo actor con acceso privilegiado: los “influencers”. Figuras cuya principal credencial no es la formación ni el rigor, sino la cantidad de visualizaciones y seguidores en sus plataformas digitales. En una lógica perversa, el alcance ha reemplazado a la competencia, y la popularidad se ha impuesto sobre el conocimiento.
Así, espacios mediáticos que deberían estar reservados para el análisis informado y responsable son ocupados por opiniones ligeras, improvisadas y muchas veces descontextualizadas. Este fenómeno no solo precariza aún más el oficio, sino que profundiza su deslegitimación: la profesión, lejos de ser respetada y valorada, se desdibuja año tras año hasta convertirse en un espectáculo más. Permitir esto es tan absurdo como pretender que un cirujano cardiólogo, por simple curiosidad o capricho, decida un día operar en neurología.

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