EL ESTIGMA DE LA ELECCIÓN: ENTRE EL SUEÑO PROPIO Y EL PAÑAL

La escena ocurrió en el marco de una conmemoración que, paradójicamente, nació para reivindicar la autonomía. Durante un evento por el Día de la Mujer, Durby Blanco, Directora de Igualdad de Oportunidades en Bolivia, soltó una frase que para algunos fue un manifiesto y para otros, una declaración de guerra: decidió no tener hijos para no dedicar años al trabajo doméstico y así poder realizar sus sueños.

En cuestión de minutos, el ecosistema digital se transformó en un tribunal de moralidad. La polémica no solo reveló las fracturas generacionales, sino una peligrosa "doble moral" que sigue operando en el núcleo de nuestra sociedad: esa que castiga a la mujer tanto por lo que elige ser como por lo que decide omitir.

El peso del cargo: ¿Opinión personal o postura institucional?

Lo que eleva la temperatura de este debate no es solo el contenido de la frase, sino quién la pronuncia. Al tratarse de la Directora de Igualdad de Oportunidades, sus palabras dejan de pertenecer exclusivamente al ámbito de lo privado para convertirse en un mensaje político con una carga simbólica profunda.

Como autoridad de Estado, Blanco tiene la tarea de diseñar y promover políticas que equilibren la cancha para todas las mujeres. Por ello, su declaración resuena con una doble connotación: por un lado, es la sinceridad brutal de una funcionaria que reconoce que el sistema que ella misma administra es tan deficiente en términos de corresponsabilidad que la única vía segura hacia el éxito profesional —incluso para quien ostenta el poder— es la renuncia a la maternidad. Por otro lado, lanza un mensaje inquietante desde la institucionalidad: la "igualdad de oportunidades" parece ser, hoy por hoy, un beneficio que se paga con la ausencia de descendencia.

La autoridad en deuda: ¿Sinceridad o claudicación?

Sin embargo, el análisis no puede quedarse en la libertad individual. Al tratarse de una autoridad, la encargada de nivelar la cancha para las mujeres admita que "tuvo que elegir" entre sus sueños y la maternidad no es un acto de rebeldía, es una confesión de fracaso institucional.

Desde su investidura, Blanco no es una ciudadana más opinando en un café; es la cara del Estado que debería estar construyendo sistemas de cuidado, guarderías y políticas de corresponsabilidad. Al presentar la ausencia de hijos como el único vehículo para el éxito profesional, la autoridad no está rompiendo el sistema, lo está validando. Su declaración envía un mensaje devastador a las mujeres bolivianas: que incluso en las altas esferas del poder, el Estado es incapaz de garantizar que una madre pueda ser, al mismo tiempo, una profesional plena. En lugar de proponer una reestructuración del sistema de cuidados, la autoridad optó por la salida individual, dejando huérfana la lucha colectiva por una maternidad que no signifique el fin de la carrera profesional.

La ceguera voluntaria ante el espejo

Esta reacción visceral de la opinión pública boliviana expone una patología social profunda: nuestra histórica resistencia a reconocer debilidades, errores y fallas estructurales. Al boliviano, colectivamente, le cuesta mirarse al espejo sin filtros y prefiere, a menudo, habitar la comodidad de una ceguera complaciente ante realidades incómodas. Cuando alguien —peor aún si es un boliviano mismo hablando desde la libertad y el conocimiento de causa— se atreve a señalar las falencias del sistema con crudeza, la respuesta no es la reflexión introspectiva, sino la molestia y la lapidación pública del mensajero. En lugar de debatir la deficiencia de las políticas de cuidado que la declaración de Blanco evidencia, la sociedad optó por atacar la moralidad de la funcionaria, prefiriendo mantener intacta la falsedad de que en Bolivia todo marcha bien en términos de equidad.

La realidad boliviana: Una paternidad en pausa

Lo que las declaraciones de Blanco ponen sobre la mesa es una herida abierta en la estructura social de Bolivia. Pese a las décadas de lucha y a los discursos sobre despatriarcalización, nuestra sociedad aún no ha logrado que el hombre asuma una paternidad activa. En el entorno boliviano, la crianza sigue teniendo rostro de mujer.

Esta carga no es una elección, es una imposición cultural que castiga la realización femenina. Cuando una mujer decide no ser madre para "cumplir sus sueños", está respondiendo a un sistema que le advierte, con hechos, que si elige la maternidad, el costo será el doble de esfuerzo que el de sus pares varones (hagamos hincapié en pares y no iguales).

Los datos son contundentes y explican el trasfondo de esta "renuncia". Según la Encuesta Urbana de Uso del Tiempo (EUT) realizada por el CEDLA en 2023, las mujeres en Bolivia dedican, en promedio, 6 horas y 10 minutos al día a labores domésticas; en contraste, los hombres destinan 3 horas y 19 minutos. Esta brecha significa que una mujer regala meses de su vida productiva al año, mientras el hombre avanza en su carrera sin esa carga.

La trampa de la realización y el "impuesto" al género

Al sugerir que la ausencia de hijos es el vehículo necesario para el éxito, Blanco no está atacando a la maternidad, sino denunciando un sistema que no garantiza la corresponsabilidad. En Bolivia, se ha normalizado una "paternidad asistencialista": el imaginario colectivo aún ve al padre como un "proveedor" y no como un "cuidador".

Esta desigualdad obliga a la mujer profesional a una fragmentación constante. La realización personal no debería ser un juego de suma cero, pero en un país donde el 63% de la carga de cuidado recae en la madre, tener hijos se percibe, lógicamente, como un riesgo para la autonomía económica y profesional.

El fuego amigo y la doble moral

Lo más amargo de esta crónica es la reacción social. Es alarmante observar cómo se utiliza la maternidad para descalificar la competencia laboral: si una mujer es madre, su compromiso está "diluido"; si no lo es, es "fría" o "incompleta". Esta presión obliga a la mujer a intentar ser una "Supermujer", sin que el entorno mueva un dedo para equilibrar la balanza.

Conclusión: El derecho a elegir sin castigos

El error no está en la elección personal de Durby Blanco, sino en la realidad que su cargo deja al descubierto: que incluso desde la Dirección de Igualdad de Oportunidades, la maternidad se percibe como un obstáculo insalvable debido a la ausencia de políticas de cuidado y a la falta de compromiso masculino.

Una mujer que decide no tener hijos es dueña de su destino; una mujer que decide tenerlos y liderar espacios de poder es una muestra de resiliencia frente a un sistema hostil. La verdadera igualdad llegará cuando la sociedad —y el Estado que Blanco representa— garanticen que ninguna mujer deba elegir entre su realización profesional y su deseo (o no) de ser madre.


CEDLA: https://www.studocu.com/bo/document/universidad-mayor-de-san-andres/derecho-familiar/desigualdades-en-el-uso-del-tiempo-resultados-de-la-encuesta-2023/151363436

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